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Historia de los Asmodians

Introducción

No fue siempre así. Hubo un tiempo donde las dos partes de este mundo eran una sola, estábamos tan unidos como si fuéramos hermanos. Éramos iguales, teníamos los mismos ideales y compartíamos los mismos propósitos: proteger la Torre de la Eternidad. Cuando nos fallaron lo destruyeron todo. Nuestro mundo y nuestra gente fueron desgarrados

En la mitad de abajo de este mundo encontrarás una somera tierra, pero su existencia ha sido encantada con el pecado, la avaricia y la gula, un orgullo fuera de lugar y una arrogancia aplastante. Ahí encontrarás a los Elyos, una raza de criaturas despreciables que dedican su existencia a diezmar todo lo que es bueno en este mundo. No se dejen engañar por su apariencia de santos, bajo su piel pálida sólo existe oscuridad

Nosotros vivimos en la parte superior de este mundo, los Asmodians lo llamamos casa. Después del épico cataclismo fuimos empujados a la oscuridad, a lo desconocido, y no tuvimos otra opción que adaptarnos y sobrevivir. Cada día nuestro mundo nos enseña algo nuevo, nos abrió los ojos a nuevas posibilidades y nos otorgó una fuerza inquebrantable para poder reconstruir nuestra vida una vez más. Gracias a nuestra experiencia hemos podido llegar tan lejos, no todos los días te dan la oportunidad de volver a empezar para corregir tus errores

Un momento, me estoy adelantando. Primero una introducción, mi nombre es Kineas y soy un Daeva, un ser creado para la lucha contra los Balaur. Yo, junto con mi pueblo, hemos realizado todo lo necesario para asegurar nuestro lugar en Atreia, y estamos dispuestos a hacer cualquier cosa por defender lo que nos corresponde por derecho. Si los Elyos quieren guerra, tendrán guerra. Los tiempos de paz hace tiempo que desaparecieron, ahora es tiempo de venganza

Después de todo lo que ha sucedido en nuestro mundo, en Pandora, creo que es mi deber relatar los acontecimientos que nos han traído hasta nuestros días. He escrito este diario para contar lo sucedido durante los años que nos han llevado a la situación actual, tal vez comprendas cual fue la causa de que nuestro mundo cambiara tanto

Adelante, lee.. ¡Y aprende qué significa ser un Asmodian y defender Pandora!


Capítulo I: Unidad

Primero os hablaré de aquella era que acabó mucho antes de que yo naciera. Nuestras historias relatan cuentos de verdes tierras y ubérrimas praderas, un mundo donde podíamos vivir felices con nuestras familias. Así fue la era antes de que los Elyos y los Asmodians existieran, cuando simplemente éramos conocidos como Humanos. Atreia era sólo una.. Toda una. Estábamos todos juntos, no había divisiones, no entre nuestros mundos, no entre nuestros pueblos

Los años pasaron, pero no puedo dejar de sentir enfado, rabia y tristeza. No supieron valorar el paraíso que se les había otorgado, incluso confiaron en que este mundo seguiría siempre igual. Sin embargo, una vez que sabes la verdad de lo ocurrido, las cosas empiezan a tener sentido. Puede que mirando atrás nos demos cuenta de los tesoros que teníamos. Puede que incluso esta tierra baldía, que ahora llamamos casa, sea un paraíso comparado con otras tierras, aunque encuentro difícil imaginar un lugar más desolado que este. Desolado como quedó Aion, nuestro Dios, al perder como dice la leyenda a su pequeña y dulce Pandora. También nosotros sentimos su pérdida

Las cosas habrían de cambiar. Pocos imaginábamos el horror que Aion había reservado para castigarnos: nuestro mundo estaba a punto de sumergirse en una gran y persistente pesadilla, y una insaciable sed de sangre que ya jamás nos abandonaría


Capítulo II: Una malvada creación

Os contaré la verdad de mis peores sueños. Al principio fueron llamados Dragones, y eran criaturas terroríficas. Enormes y pesadas, nuestras improvisadas armas eran inútiles frente a su fuerte piel. Y eso no era todo: podían expandir sus alas y surcar los cielos a gran velocidad, haciendo inútiles nuestras escasas defensas en apenas pocos segundos. Aprendimos pronto a escondernos de estas terribles bestias, y sin un depredador natural, su número y poder crecieron en igual medida. Hace tiempo sus siluetas, creadas por Aion para poner orden en el mundo, eran una imagen común en el cielo

Su ambición de dominio era incontenible: especies enteras murieron y se marchitaron bajo la furia de los Dragones. Ellos trajeron el Infierno, a su paso dejaban carbonizadas y arruinadas todas las tierras. Pronto, después de la matanza inicial, estas bestias empezaron desarrollar su inteligencia. Tras darse cuenta de la tendencia guerrera de los Krall y los Mau, los Dragones decidieron no destruirlos, si no subyugarlos e incluirlos en sus filas, pero sólo después de haberles forzado a jurar lealtad eterna. Fue en ese tiempo cuando estas criaturas experimentaron una nueva evolución. Algunos de entre ellos se hicieron más fuertes y más astutos que el resto. Estos engendros, incubados por el odio y el terror, fueron conocidos como los grandes Señores Dragones, que aunque al principio no fueron más que cinco muy pronto se hicieron con el poder total

Los cinco Señores Dragones rápidamente reorganizaron sus fuerzas, restableciendo su sociedad como si se tratase de un auténtico ejército. Decidieron rebautizar a su pueblo como 'Los Balaur'. Con este nuevo título, las bestias atacaron de nuevo poseídos por un vigor renovado, diezmando a los pocos grupos que se atrevían a oponer resistencia

Pero ni con eso se sentían satisfechos, y buscando nuevos oponentes pusieron su atención en el dios de Atreia, Aion, y le demandaron que les otorgase sus mismos poderes. Cuando Aion lo rechazó, los Balaur, llenos de rabia y movidos por la codicia, se volvieron contra nuestro Dios, y reunieron sus fuerzas para realizar un gran ataque a la Torre de la Eternidad


Capítulo III: Ascensión

Aion se vio obligado a posicionarse y actuar y, como represalia por la afrenta sufrida, creó a doce criaturas majestuosas a quienes dimos el nombre de Señores Empíreos. Estas criaturas poseían una belleza y una fuerza que jamás se había visto antes, y como los Balaur, podían volar gracias a una extraña y curiosa sustancia llamada Aether. Nuestra fe en Dios y nuestra devoción por Atreia fueron al fin recompensadas: estas criaturas fueron creadas a imagen nuestra, y vinieron para salvar al mundo que tanto deseábamos recuperar. Nuestra casa..

Inevitablemente comenzó una guerra larga y sangrienta. Encontramos protección a los alrededores de la Torre, dentro del escudo Aethérico que nuestros Señores Empíreos crearon para protegernos. Era quizás demasiado pequeño, y el resto de tierras de fuera del escudo quedaron bajo el control de los Balaur. Los Doce se debilitaron tanto como sus enemigos, y cuando los Balaur se dieron cuenta de ello movieron sus peones. Criaturas inocentes fueron sacrificadas para llamar la atención de los Señores Empíreos y hacerlos salir del interior de la Torre. Tal crueldad no consiguió más que aumentara nuestro odio contra ellos

La Gran Guerra, así la llamamos y así se la recuerda. Un tiempo en el que los seres humanos podían prosperar una vez más bajo la protección de las alas de los Señores Empíreos. Durante ese tiempo nací yo, creciendo y curtiéndome hasta llegar a ser un joven capacitado para sobrevivir en la dura época que me había tocado vivir, hasta que encontré algo que cambió mi existencia. El Aether me respondió, y yo a él. Pronto mis talentos fueron reconocidos como únicos, tan sólo pertenecientes a un grupo muy especial. Estos otros, los Daeva, fueron también humanos de nacimiento, pero poseían una habilidad innata para manipular el Aether, que era utilizado por los Señores Empíreos. Lentamente pero seguro, aprendí a dominar estas habilidades. Mientras que al principio sólo podía enfriar el aire a mi alrededor, pasaron los meses y podía congelar a mis oponentes, y convocar bolas de fuego para destruir a los Balaur. Me veneraban, casi como a un dios. Aquellos que una vez me contaron entre los suyos, ahora me ponían en un alto pedestal. Lo único que yo deseaba, el hijo de un simple granjero, era poder causar sufrimiento a esos Balaur en nombre de Aion

Pronto el número de Daevas fue suficiente para que nuestros Señores Empíreos nos movilizaran dentro de sus fuerzas de batalla. Me uní a la Legión, progresé rápido y ascendí en rangos, dejando atrás mi infancia, una infancia de un chico llamado Phalaris


Capítulo IV: Cobardía

Ascendí rápidamente de rango. Mis habilidades como mago eran superiores al resto de los Daeva, y pasado un año ya estaba al mando de una legión entera. La lucha era encarnizada, por ello los Doce intentaban protegernos contra el feroz ataque de los Balaur. Nuestras tácticas y estrategias mejoraron; podíamos acabar con ellos, podíamos vencer a esos estúpidos Dragones. Parecía que sólo dábamos pequeños pasos, pero como todo padre sabe, 'un niño debe aprender primero a andar antes de aprender a correr'

Así, llegó el día en el que nos fue revelado. El Señor Israphel, uno de los dos Guardianes de la Torre de la Eternidad (Señor Israphel, quien odiaba como nadie a los Dragones) declaró que deberíamos hacer la paz con ellos. El propósito de la guerra no era aniquilar a los Balaur, si no proteger Aion

Me quedé sorprendido; sorprendido de que uno de nuestros salvadores perdiera su resolución tan fácilmente, sorprendido de que su coraje y su feroz determinación desapareciera tan.. tan repentinamente. Al principio hubo una gran consternación entre los Señores Empíreos. En ese momento, la paz era impensable.. una parodia. Todos pensábamos lo mismo. La propuesta de Israphel era absurda

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que los Señores más débiles mostraran que realmente nunca habían tenido estómago para la lucha. La Señora Ariel fue la primera en capitular, y con honestas palabras habló de la sabiduría de Israphel, de su antigüedad, de su valentía – ¡valentía! – en atreverse a proponer la paz. Tuvo la audacia de decirnos como deberían pensar y actuar los Daeva

Rápidamente ella y sus seguidores se habían olvidado de los sacrificios que habíamos sufrido durante miles de años. ¿Qué valor tan miserable otorgaban a la sangre derramada de muchos de nuestros familiares?

Pero los otros Señores aún tenían espíritu de acero. Como soy un Daeva pude hablar con algunos de los Señores, y con el que mejor trabajé fue con el gran y digno Señor Asphel. Su decisión siempre fue fuerte, y era en sus misiones donde siempre teníamos el mayor éxito. Su forma y su capacidad fueron un ejemplo para muchos de nosotros; así que cuando el insípido escrito de Ariel empezó a influir en algunos de los Señores y vi la mueca de la cara de Asphel, supe sobre quién pondría mi lealtad. Estuvimos hablando con él. Reprendió a Ariel por su desdén en la honra de nuestros muertos, y criticó la ingenua y equivocada iniciativa de paz como una pérdida de tiempo

La sala estalló con furia. Todavía resuena en mis oídos.. El rugido, la confusión, las palabras de la acusación y el odio. Cada una de las partes se puso en contra de la otra. Más allá, vi a Israphel hablando apasionadamente con Siel, que escuchaba gravemente. Israphel insistía en que podríamos defender Aion trabajando en pro de la paz, en lugar de a través de la guerra. Para mi horror, Siel asentía

Para preservar la concordia, todos nos pusimos de acuerdo en abandonar la gran sala y dejar a los doce Señores Empíreos que discutieran solos. Fui con mis compañeros de armas que estaban del lado de Lord Asphel para ser un grupo unido; pero otros se escaquearon en la noche, en compañía de sus cobardes seguidores. Al final, estábamos en campamentos separados, dependiendo de si se había elegido el bando de los dignos o el de los débiles

Esperamos pacientemente los resultados de esa noche. Lo recuerdo bien; recuerdo mirar a través de nuestro mundo, observando los penachos de fuego desde la distancia y sabiendo que la paz con los Balaur era imposible. Miré hacia el pasado y recordé las décadas de lucha sin cesar, recordé esos ojos oscuros sin alma, que sin parpadear e implacablemente masacraron a mi familia y a mis amigos, sin una razón mejor que el simple deseo de dominación que tienen esas bestias

Sabía que Siel rechazaría la propuesta de Israphel. Sabía que Asphel argumentaría su caso, nuestro caso, y los otros casos, quizás la Señora Ariel vería el sentido por sí misma y estaría de acuerdo. Sabía esto; y aun cuando salieron los Señores Empíreos, la decisión que se había tomado hizo que mis nervios saltaran, a mi legión y a mí nos dejaron tambaleando. Lady Siel sucumbió. A pesar de todas nuestras protestas, ella e Israphel, como guardianes de la Torre, poseían la autoridad final sobre los doce. La decisión era definitiva. Se había llegado a un acuerdo con los Balaur. La voz de Ariel estaba llena de júbilo y triunfo, incluso algunos entonaban una canción de paz

Asphel salió hecho una furia. Cuando se marchó, tome el vuelo detrás de él, y un significativo número de Daeva hizo lo mismo


Capítulo V: La época del Cataclismo

Así que, pasados unos días, comenzó la conferencia de paz. Como muestra de respeto hacia los cinco Señores Dragones, redujeron el escudo Aethérico de alrededor de la Torre, y los invitaron dentro de esta colosal estructura para realizar las negociaciones. Fueron unos minutos eternos. Miré los ojos de mis legionarios, y vi la desconfianza, y el odio de que nuestras convicciones fueran tan débiles como para haber cedido ante estas bestias: nos hemos puesto de rodillas ante ellos para que traten con nosotros. Me volví hacia mi centurión de más confianza, y me dirigí a hablar con él cuando, tan rápido como un chasquido, todo cambió. Hubo gritos, confusión, una derrota. Uno de los Balaur calló, y Lord Asphel estaba listo para luchar, sus ojos brillaban

Los Balaur atacaron. Siel e Israphel gritaron una vez para subir el escudo Aethérico, pero en la segunda vez nos fallaron. Perdidos en el tumulto no pudieron actuar correctamente para defender la Torre. Bajo las rabiosas garras y las armas de los Balaur, la Torre comenzó a astillarse y a fragmentarse. Recuerdo el rostro torturado de Israphel, azotado por la culpabilidad. Se dirigió con Lord Asphel y con todos sus Daeva a la región Norte, mientras tanto Siel marchó con Ariel y los suyos al Sur. Aún quedaba esperanza. Trabajando en dos grupos, uno en cada extremo de la Torre, los Señores Empíreos harían todo lo posible para impedir su destrucción

Lo hicimos rápido. Esos en el Sur, ahora lo sabemos, no lo hicieron. En un instante, a la vez que la torre de la Eternidad se derrumbaba, el mundo se oscurecía. La gente salió corriendo y gritando en todas direcciones. Recuerdo ese momento como si fuera ayer; recuerdo estar mirando hacia arriba y viendo como caían pedazos de la Torre, iluminado sólo por la luz de la gran estructura. Recuerdo estar allí de pie, inmóvil, mientras un gran fragmento de la Torre caía sobre mí. Recuerdo muy bien ese día.. fue el día que encontré otro regalo por ser un Daeva: inmortalidad

Me desperté, y vi a través de nuestro gran mundo; Atreia estaba dividida en dos partes. La mitad inferior se había envuelto con una luz intensa y brillante, mientras que la nuestra se había sumido en el frío, en la oscuridad desolada. La conferencia de paz había terminado


Capítulo VI: Secuelas

Lentamente nuestros ojos se iban adaptando a la luz, y poco a poco nos íbamos encontrando los unos a los otros. Nuestra gente estaba angustiada, aterrorizada: nadie sabía como había sobrevivido. Calmé a la gente diciéndoles que encontraría la forma de hacer un campamento y calentarnos; después me dirigí hacia el tocón que fue la base de nuestra torre

Fue allí donde encontré una bendición: los cinco Señores Empíreos que fueron enviados para mantener intacto Aion estaban vivos. Nos juntaron a todos, y nos dijeron que nuestro mundo había cambiado para siempre, y nos explicaron el por qué. Había ocurrido lo peor en el intento de paz, habían muerto millones. Y Siel e Israphel, los dos guardianes de la Torre, habían sacrificado sus vidas para que nosotros pudiéramos vivir en su lugar. En vida cometieron una gran locura, pero sus muertes no fueron sin honor, y en silencio estuvimos recordándoles

Poco después regresé al campamento y ayudé a construir un enorme fuego para atraer al resto de supervivientes. Durante los días siguientes, miles vinieron con nosotros, maltratados, amoratados, y angustiados por los acontecimientos que habían transcurrido. Yo tuve la suerte de encontrar a mi hijo Phalaris entre los supervivientes, fui el único de mi asentamiento que había sobrevivido

Pasaron días, semanas. Se puso de manifiesto que nuestro mundo, nuestro mundo roto, se había estabilizado, y que nuestro destino estaba nuevamente en nuestras manos. Aion, al parecer, se había marchado, Él era quien proporcionaba el Aether que era la fuente de mi poder. Por primera vez en mucho tiempo me volví a sentir vulnerable. No quería que me dominara el miedo, así que hablé con Asphel para trazar los planes de reconstrucción de nuestro nuevo mundo

Han pasado setecientos cincuenta años, y durante este tiempo he visto como sucedían grandes cambios. Pronto nos quedamos sin leña, nuestros ojos se adaptaron a la oscuridad que nos invadía. Nuestro pueblo fue construido y bautizado como Pandaemonium, y pronto se expandió en una gran ciudad. Vi florecer a nuestro pueblo, adaptarse, evolucionar contra todo pronóstico, siempre bajo la dirección de nuestros Señores Shedim

Nuestra evolución también fue física; nuestra piel pálida creció sumida en esta oscuridad, y el duro suelo lleno de escombros que parecen cuchillas de afeitar ha convertido nuestros pies en garras. Nuestras manos también fueron agraciadas con garras, es como si dijéramos que ninguno de nuestra raza iría desarmado jamás. Estas marcas fueron lo más difícil de aceptar, pero si fueron necesarias para nuestra supervivencia, y así lo fueron, entonces no hay otro remedio que llevar esta carga. Para nosotros son el precio a pagar por el intento de paz de Israphel, el cual Ariel fue tan tonta de apoyarlo

Durante ese tiempo vi como Phalaris crecía y moría junto con sus hijos, y junto con los hijos de sus hijos. Así es la vida de un Daeva


Capítulo VII: Retribución

Un día ocurrió una cosa curiosa. Los fragmentos de la gran Torre hundidos en la tierra empezaron a emanar una suave luz, entonces de repente se elevaron hacia el cielo. Asphel ordenó a Archon, el más fuerte de nuestros Daeva, y a su unidad de la cual formo parte, que investigara

Salimos de inmediato, encontramos un portal que nos teleportaba a otro mundo, a un lugar que estaba entre Asmodae y la parte Sur de Atreia, los pilares de piedra flotaban en el aire. En este mundo el Aether que necesito en mis habilidades flotaba en abundancia, tuve una gran sensación de alivio cuando descubrí que mis habilidades de volar seguían intactas. Volví a Pandamonium y relaté todo lo visto a nuestros Señores Shedim. Asphel inmediatamente ordenó a Archon que protegiera ese portal. Cuando pregunté por qué no me contestaron, simplemente miraron al cielo, hacia la parte inferior de Atreia

Dos días después, mientras estábamos planeando una segunda expedición a través del portal, los guardias estacionados en Morheim no se comunicaron con nosotros. Zikel, uno de los Señores Shedim y nuestro dios de la Destrucción, tomó el relevo de Archon, incluyéndome a mí, para ir a investigar

No habíamos viajado muy lejos cuando de pronto encontramos a un grupo de personas. Afirmaban que eran de la parte Sur de Atreia, en pie, con sus armas desenfundadas. Parecían ángeles, y aunque hablaron poco, nos juzgaron de inmediato. Imagina –ser juzgados por un crimen que ellos, no nosotros, habían cometido. No fuimos nosotros los cretinos de corazón blando que dieron la bienvenida a los Señores Dragón dentro de nuestra Torre en plena guerra– ¡Fueron ellos!

La ira de Zikel era más que evidente. Arrojó a estos 'Elyos' al suelo, demandando que maldijeran a Nezakan, uno de los señores Empíreos que fue tan débil como para pedir la paz a los Balaur. Zikel escupió, había demostrado qué parte tenía la culpa. ¿Reconocerán estos Elyos los errores de sus Señores y los condenarán por sus estupideces?

Su líder, un hombre llamado Deltras, lo rechazó todo. Ahora sabemos que el orgullo es la mancha de todos los Elyos, se negó a culpar a sus Señores, en su lugar maldijo a Zikel. Las espadas fueron desenfundadas, cargamos contra ellos, abatiéndolos como cobardes. No obstante, algunos de ellos lograron escapar; la mayoría hacia nuestra ciudad donde llenos de ira mataron a nuestras mujeres y niños antes de que pudiéramos terminar con ellos. Dos volvieron a su tierra, ensangrentados pero no vencidos


Capítulo VIII: Un viejo enemigo, un nuevo enemigo

Ese día volvimos a Pandemonium, y de inmediato decidimos unir nuestras fuerzas para la guerra en contra de los Elyos. Los días siguientes los combatimos, y estalló una guerra a gran escala entre nuestros pueblos. Al poco tiempo, se nos presentó una nueva prueba, los Balaur, exiliados por largo tiempo en el interior del Abismo, encontraron una manera de escapar de su prisión. Su sed de sangre era la misma de antaño, y con sus antiguos aliados de nuevo a su lado

Los Elyos se intentaron presentar como brillantes criaturas, y con una cursi moral de superioridad. Sólo han tenido éxito en retraerse a sí mismos fuera de las profundas raíces de la historia, la cual nos da la fuerza a los Asmodians. Ellos desean olvidar el pasado, para despreciar la sangre que nuestros ancestros comunes vertieron en su nombre, como si fuera una mancha humillante. Pero nosotros los Asmodians no deshonramos nuestro pasado. Cuando nos encontramos el uno al otro la primera vez en esa noche oscura, ensangrentados pero vivos en la orilla de Asmodae, buscamos un lema con el cual pudiéramos reconocernos a nosotros mismos.. aún no habíamos evolucionado en nuestras nuevas formas, muchos estábamos alrededor de la luz del fuego

'Sangre por sangre', vino como un susurro de la oscuridad, y a día de hoy aún no sabemos quién lo dijo.. algunos dicen que fue Asphel, otros que Zikel, y otro claman que fue el mismo Aion, bendiciéndonos con su aliento de muerte. Pero cuando al día siguiente amaneció, pálido y sombrío, esas palabras estaban en boca de todos, y a nadie le importaba de donde habían venido

La sangre debe ser derramada para vengar a aquellos que derramaron su sangre por nosotros. Y aquellos de nosotros que tenemos la misma sangre –los leales, los justos que hemos permanecido juntos a lo largo del tiempo, largas noches las de entonces– nos mantenemos y nos ayudamos los unos a los otros. El susurro se ha hecho eco durante siglos, pasando de madres a hijos, de padres a hijas, de capitanes a soldados, de familiares a familiares. Al igual que nuestra sangre, nos calienta y nos llama para la lucha

Ahora hemos descubierto algo que ha dado a nuestra misión un sentido de urgencia. Con el paso del tiempo, nuestro planeta fluye Aether fuera de nuestra atmósfera. Hemos buscado durante meses la fuente del Aether, la buscamos por todo el Abismo y por Asmodae, cuando la respuesta estaba justo en frente de nosotros. Son las dos Torres. Una poderosa resonancia aún existe entre las dos Torres, una vibración invisible entre las dos mitades de nuestro planeta. Es como si en memoria de la pérdida de la Torre de la Eternidad, se llamaran la una a la otra a través del vacío, y su comunicación ha creado el abismo; absorbe Aether, drenándolo como si fuera agua vertiéndose en el océano, queriendo absorber los recuerdos de un tiempo pasado, sólo escrito en los documentos Pandora que tantos buscan con tesón

El Aether cada vez se propaga más delgado y más fino con cada día que pasa, pronto afectará a nuestros Daevas, y a nuestro planeta. Atreia solamente sigue unida gracias al vínculo que Siel e Israphel crearon cuando sacrificaron sus cuerpos etéreos de Aether, un proceso que acabó con sus propias vidas. Pronto el Abismo debilitará estos lazos, y si se rompieran, nuestra atmósfera se derrumbaría, y todo el mundo en este planeta perecería. Como entiende nuestro pueblo el dolor de nuestro dios Aion, con la pérdida y dispersión de su bella hija ahora.. la nuestra tambien

Aún queda una táctica viable. La resonancia no puede continuar si sólo sobrevive una de las Torres. Nuestro camino a seguir es claro: debemos destruir la Torre de la luz. Sólo entonces podremos poner fin al derramamiento de sangre y salvaguardar las vidas de los Asmodians de la arrogancia y la tiranía de los Elyos. No duraremos en esta ocasión. No habrá descanso para nuestras espadas, sólo una brutal e irresistible ola de destrucción que finalmente echará de nuestra casa a esos tontos y arrogantes que infectan nuestras tierras

Una vez más nuestro destino esta en nuestras propias manos. 'Sangre por sangre', nuestro lema, y con los duros Asmodians a mi lado, no pararemos, no desfalleceremos. Esta vez, no fallaremos..

~Kineas ~El Imperecedero~








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