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Clases sociales de los Elyos

Aristocracia

Este estamento constituye la cúspide de la sociedad de Elysea, la élite indiscutible, respetada y reverenciada por todos, cuando no prudentemente temida por la inmensa mayoría. Los aristócratas ostentan una dignidad honorífica concedida por Gracia del Emperador, un título nobiliario, o bien, una prebenda heredada como patrimonio tradicional en las familias mejor situadas, por lo que sus miembros gozan de un trato preferencial en prácticamente cualquier actividad de la vida pública. Hoy en día, se tiende a pensar que esta clase social ha perdido su capacidad de influencia en los asuntos de gobierno, debido sobre todo a su creciente carencia de prestigio entre los ciudadanos y a la cada vez más frecuente actitud indiferente de sus componentes más jóvenes, más interesados en el placer que en el deber. No obstante, la aristocracia de Elysea sigue estando presente en los círculos del poder político y militar, así como religioso, ocupando los más altos cargos en cada ámbito


Patriciado

Constituye un estrato mucho más amplio de la sociedad del hemisferio sur de lo que podría pensarse en un primer momento. Generalmente se denomina patricio a todo descendiente de las primeras familias que habitaron en el continente; más exactamente aquellas que participaron en la construcción de Sanctum, capital de todos los Elyos. Aunque todos los aristócratas, en este sentido, pertenecen a linajes patricios, no todos los patricios son aristócratas, ya que la unión con casas humildes ha extendido y dispersado los originales lazos de sangre, desvinculándolos de su tronco común. Empero, son muchos los que se refieren a los patricios como la 'baja nobleza'. Orgullosos y siempre fieles devotos, sabiéndose herederos de las viejas costumbres, los patricios, por norma habitual, son familias sin fortuna que viven como simples ciudadanos, sin más privilegio que el de ser reconocidos como la 'estirpe pura' de Elysea


Burguesía

La evolución de los sistemas de comercio y su rápida expansión por todo el continente han dado origen a una nueva categoría social, compuesta por aquellos que han sabido aprovecharse de los beneficios mercantiles para procurarse una óptima posición. Son los burgueses, hombres y mujeres de orígenes plebeyos (aunque actualmente abundan también los patricios) que se han convertido en la 'nueva aristocracia', amasando medianas y grandes fortunas especulando con los terrenos de labranza y construcción, así como con el negocio de los préstamos. Gracias a ellos se han empezado a levantar nuevos poblados, núcleos urbanos autónomos llamados 'burgos', de los que han tomado su nombre. Aunque son generalmente denostados por la aristocracia y el clero por su talante liberal, los burgueses están ascendiendo puestos en la pirámide social y ya ostentan cargos públicos y mandos en el ejército, lo que ha multiplicado su influencia en la población


Ciudadanía

Ya pertenezcan al estamento militar o a cualquier rama de la estructura civil, los ciudadanos son la base de la sociedad de Elysea, su fuerza impulsora y mayor activo. Hasta hace no mucho tiempo se seguía denominando a esta clase social como 'plebe', pero en la actualidad el término resulta ofensivo y no es utilizado con frecuencia; no obstante, sobrevive como un insulto que no es raro escuchar en boca de los poderosos cuando se produce alguna revuelta o se reclama algún derecho, lo que entre los ciudadanos, muy concienciados con los problemas públicos, ocurre cada vez más a menudo. En su mayoría descienden de familias que emigraron del campo a la ciudad y prosperaron allí, trayendo consigo sus oficios y saberes para ponerlos al servicio de la población. Temerosos de Dios y comprometidos con la causa de su pueblo, los ciudadanos se precian de su libertad y no dudan en defenderla a todo precio ante cualquier tipo de abuso, proceda de donde proceda


Hilotas

Aunque cada vez son más las voces que se oponen a ello, lo cierto es que la esclavitud es un hecho en Elysea. Una poco civilizada tradición que, principalmente, es celebrada por las familias nobles que los emplean como servicio doméstico. Los esclavos, o hilotas, suelen ser ciudadanos o burgueses (nunca patricios ni aristócratas, pues la Ley lo prohíbe) condenados a muerte por la Justicia y cuya pena ha sido conmutada a cambio de perder todos sus derechos. Es decir: conservan la vida pero pierden la libertad, aunque es una elección por la que muchos optan en dicha circunstancia. No obstante, a diferencia de lo que se piensa, es habitual procurar un aceptable nivel de vida a los esclavos bajo responsabilidad de una familia, incluso otorgarles ciertas concesiones para aprender un oficio o buscar pareja; pero, en última instancia, son una posesión privada de sus amos. Un esclavo sólo obtiene la libertad si así lo decide la persona que lo compró o bien a la muerte de ésta, no siendo posible heredar su propiedad de modo alguno








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