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Etnias de los Daeva

Los Daeva que pueblan Pandora son mucho más que dos facciones enfrentadas por seculares odios raciales: son dos pueblos compuestos por multitud de ramas que han ido evolucionando y cambiado con el transcurso de los siglos, modificando su aspecto y su naturaleza para convertirse en auténticas castas bien diferenciadas que han llegado a conformar toda una civilización

Estas son las principales etnias de los inmortales que viven y mueren en Atreia:

L'yen

Conocidos tradicionalmente como 'Elohim' o 'Pueblo de Dios', los L’yen son el grupo étnico más importante de Elysea y también el más representativo de su raza, pues es al que pertenecen la inmensa mayoría de los Elyos, siendo, no obstante, más frecuente su presencia en las regiones norte y central del continente. Aunque es bastante excepcional encontrar algún L'yen en Asmodae, en los últimos tiempos esta etnia ha ido haciéndose hueco también en el hemisferio norte, si bien suelen ser vistos como auténticos fenómenos de la naturaleza. A fuerza de ser nombrados en libros y cantares como los 'Defensores de la Luz', han terminado por creérselo hasta el punto de que su orgullo y su arrogancia se han hecho legendarios en todo el planeta. De hecho, la propia estructura de la sociedad y las costumbres de Elysea no son más que un reflejo del afán acaparador de esta etnia. La característica principal y más conocida de los L’yen es la tonalidad de su piel, de una claridad marfileña cuyo abanico se abre desde el blanco hueso (no son raros los casos de albinismo en los miembros de esta etnia) hasta el naranja ligeramente rosado, si bien esta variedad es mucho más rara y se limita a zonas muy concretas. Suelen alcanzar una media de metro ochenta de altura, tendiendo a ser su complexión más esbelta en las mujeres y atlética en el caso de los varones. Su cabello adquiere una tonalidad semejante a la de la piel y crece fuerte y extraordinariamente liso, aunque fácil de domar y teñir, lo que no es extraño entre las costumbres de los L’yen, sobre todo en aquellos que habitan en ciudades. Sus ojos, también claros y brillantes, destacan con un fulgor especial durante la juventud que se pierde al completar la adolescencia. De porte elegante y casi etéreo, esta etnia ha sido considerada durante mucho tiempo, y no sin razón, como la más 'angélica' de entre todos los pueblos Daeva, debido a la gracilidad de sus gestos y la sencilla acrobacia de sus movimientos. Los L’yen sienten una inclinación natural a la actividad intelectual y al dominio de las fuerzas de la naturaleza (para las que están mejor dotados) que al ejercicio físico, sin que por ello se dejen de contar entre ellos a fantásticos ejemplos de avezados guerreros

Adaron

De aspecto misterioso y, para no pocos, amenazante, los Adaron constituyen el grueso de la población de los Asmodians, que han acabado con el paso del tiempo irremediablemente identificados con esta etnia. Junto con los L’yen, son el grupo más numeroso de Atreia, aunque apenas comparten características comunes. No obstante, debe decirse que no les van a la zaga a la hora de titulares como los 'Señores de las Tinieblas', adueñándose de un mundo en el que sienten la necesidad de controlarlo todo. Los Adaron, al igual que sus primos lejanos, son de piel clara, por norma general azulada, aunque no son infrecuentes las tonalidades púrpura o violeta, en especial en las regiones más occidentales de Asmodae. Como cabría esperar, y es bien sabido, este grupo étnico es el mejor adaptado las duras condiciones de vida del hemisferio norte, por lo que toda su morfología, hasta el más nimio de sus rasgos, responde a una necesidad básica de supervivencia. Los ojos, siempre de colores cálidos y muy vivos, pueden ver en la más cerrada oscuridad hasta a varias leguas de distancia. Su cabello, de una finura inusitada y muy flexible, actúa como una especie de imán lumínico, que les permite atrapar la escasa luz de su territorio para, de algún modo, 'alimentarse' de ella, por lo que su tono normalmente es claro, en contraste con su piel. Dotados de una potencia física más que considerable, los Adaron prestan suma importancia a la salud y bienestar del cuerpo, por lo que son unas máquinas perfectas de combate: rápidos, precisos y muy resistentes. Aunque circula sobre ellos el rumor de que actúan como auténticos bárbaros, sin sentir respeto por nada, la verdad está muy lejos de ser así. Lo cierto es que los Adaron, más que ninguna otra etnia de Atreia, tienen muy desarrollado el concepto del honor y el sentimiento de lealtad y compromiso, aunque sea a unos principios difíciles de aceptar incluso para la mayoría de su pueblo

Yhauzen

También llamados 'Sombras' o 'Pardos', los Yhauzen son la tercera etnia en importancia en toda Atreia por detrás de los L’yen y los Adaron, con igual presencia en ambos hemisferios, lo que los ha convertido en un grupo bastante más abierto y cosmopolita que el resto, gozando de una enorme facilidad para la adaptación social a cualquier nivel; aunque, paradójicamente, existen numerosos prejuicios en su contra por parte de los colectivos más mayoritarios. Se precian de ser una raza aparte y propugnan que todas las ramas actuales de los Daeva descienden de un mismo tronco étnico común, del que ellos son herederos directos. Esta teoría, que para algunos es considerada poco menos que blasfema, no es compartida por todos los Yhauzen, quienes no están tan imbuidos de un sentimiento de 'orgullo racial' como los L’yen o los Adaron, a quienes consideran individuos arrogantes. Su rasgo principal es el color de su piel, que se extiende desde el parduzco oscuro hasta el zaíno más profundo, lo que ha originado las leyendas que en torno a ellos circulan y que los tachan de siniestros y malhechores. Es curioso observar que los varones de esta etnia poseen una tendencia natural a la calvicie, pues el exceso de cabello se considera como una muestra de debilidad o una falta de virilidad. Actualmente hay opiniones más variadas y, sobre todo, moderadas, y tanto hombres como mujeres adoptan peinados similares, a pesar de la tradición aún imperante. De constitución fuerte y gran altura, con rasgos faciales de corte felino (que posiblemente sea lo que más llame la atención), los Yhauzen formaron durante años el grueso de los ejércitos de Elyos y Asmodians como mercenarios. Ahora, integrados por entero en la sociedad como ciudadanos y miembros de la pequeña burguesía, han perdido el espíritu de clan que les unió en épocas pasadas

Drumic

Los Drumic son el ejemplo perfecto de etnia que ha sabido evolucionar para buscarse la vida tanto a uno como a otro lado del Abismo, primando sus intereses por encima de una guerra que, en realidad, nunca ha sido uno de sus asuntos esenciales. Aunque no se les pueda considerar del todo 'neutrales' en la contienda, lo cierto es que los llamados 'Zíngaros' tienen sus propias preocupaciones, que es tanto como decir que poseen su propia organización y estructura social (incluso una lengua propia) que les lleva a alejarse de las grandes ciudades, desconfiar de cualquier tipo de gobierno y aislarse de todo cuanto no lleve su sello inconfundible. No obstante, decir que los Drumic son gente insociable sería injusto, pues su modo de vida, basada en el comercio y el espectáculo, les hace tratar a diario con decenas de personas de toda clase y condición, sin que desprecien a ninguno por ser diferentes pero, como es lógico, tampoco tendiéndoles la mano al primer momento. Físicamente los Drumic poseen unos rasgos similares a los de los L’yen, aunque mucho más afilados y rotundos. Su piel es cetrina, como de bronce viejo (aunque la tonalidad varía con frecuencia en Asmodae), y su cabello, siempre oscuro, les crece rizado y espeso derramado a la espalda, pues es costumbre que tanto hombres como mujeres lo lleven sin cortar para indicar su pertenencia al grupo. Son una etnia nómada, y por ello gozan de un gran sentido de la supervivencia, lo que les convierte en expertos cazadores, rastreadores y habilidosos artesanos. Casi nadie se atreve a guardar un secreto con los Drumic, pues los rumores tenebrosos que hablan sobre su magia negra y sus peligrosos sortilegios robadores de almas han hecho que la población desconfíe de ellos, lo que, al contrario de lo que podría esperarse, les ha supuesto una gran ventaja a la hora de moverse de aquí para allá sin ser molestados

Nauhal

De todos los pueblos de los Daeva en Atreia ninguno vive tan en armonía con la naturaleza como los Nauhal. Más que una etnia, en realidad, son una gran tribu de la que sólo sobreviven unos cuantos miles de individuos repartidos entre Elysea y Asmodae, siendo más fácil hallarlos en esta última, en comunidades nunca superiores a veinte familias. En el pasado, los Nahual construían sus refugios en las copas de los árboles más frondosos, en los bosques espesos, donde trascurría la mayor parte de su vida y de donde obtenían todo lo necesario para subsistir. Actualmente es más frecuente verlos habitando en cabañas de madera o en pequeñas granjas, siempre cerca de la vegetación y ocupados en actividades relacionadas con la agricultura o la ganadería. A simple vista podrían parecer primitivos y poco o nada evolucionados comparados con los L’yen o los Adaron, pero la realidad es que los Nahual son muy respetados en toda Atreia a pesar de su posición de inferioridad, no tanto por una condescendiente cuestión de amabilidad como por un reverente sentimiento de temor. Y es que los miembros de esta etnia, de piel verde como las hojas entre las que se ocultan, que se torna tostada en Elysea, y cabellos rojos como el fuego con que castigan, es posible que sean los más resueltos en el combate de todas las criaturas alguna vez creadas por Aion. Sus rasgos, ligeramente más asalvajados que los de los Adaron (algunos, incluso, poseen colmillos muy desarrollados), son prueba de su determinación a la hora de llevar a cabo cualquier tipo de empresa que implique el uso de la fuerza o la destreza física. Por ello, no es de extrañar que los mejores asesinos de ambos hemisferios sean Nahual o hayan sido entrenados por ellos. Cabe destacar su naturaleza eminentemente endogámica, que les ha llevado a preservar sus características más únicas a base de prohibir la procreación con miembros de otros grupos

Sheng

Las regiones orientales de Atreia, ya antes de la Gran División, fueron y son tierras donde la esencia misma de todas las cosas adquiere tintes de una intensísima espiritualidad, muy por encima de los estándares del mundo situado más allá de sus bien marcados límites. Y en ellas, los Sheng, los miembros de un pueblo poseedor de una cultura milenaria y unas costumbres que no tienen par en ningún otro rincón del mundo, se presentan como la imagen serena de un sentimiento místico que rodea todo cuanto se relaciona con ellos de un aura de paz y seguridad tan evidentes que, se quiera o no, hacen caer a todos dentro de su embrujo embriagador. Aunque se les ha venido designando como etnia desde hace siglos, lo cierto es que los Sheng no son más que la unión de más de una treintena de pueblos y clanes rurales con características propias y no siempre diferenciadas. De hecho, el único rasgo que todos sus miembros comparten (y el que les hace únicos y distinguibles en toda Atreia) son sus ojos rasgados, en forma de media luna con una pronunciada caída hacia el puente de la nariz, y una estatura bastante más baja que la media de las demás etnias. Por lo demás, la fisonomía de los Dang es variada y no presenta ninguna particularidad destacable, a pesar de que mayoritariamente los individuos pertenecientes a este grupo sienten una natural inclinación hacia las artes marciales y son grandes maestros en conjuración arcana. Para la mayor parte de la población, los Sheng son seres misteriosos e inescrutables, demasiado 'distintos' como para ser tenidos en cuenta por los círculos de poder en Elysea (donde adoptan el nombre de Lin-Sheng) y Asmodae (donde son conocidos como Ryu-Sheng), que prefieren mantenerlos en un 'cordial lugar aparte' donde, al parecer, se sienten bastante cómodos. Pacíficos y siempre empáticos, son los habitantes de Atreia menos interesados en la Gran Guerra, aunque todos están dispuestos a defender su modo de vida cuando quiera que ésta se vea amenazada

Ulvherr

Nadie sabe a ciencia cierta de dónde, cómo o por qué surgieron estos seres de apariencia increíble que atemorizaron al resto de los Daeva en los primeros días tras la Gran División. Al principio, se formularon teorías que los vinculaban a fuerzas demoníacas liberadas con la destrucción de la Torre de la Eternidad, pero hoy en día esas historias no han resultado ser más que cuentos para asustar a los niños. Los 'Abominables', como aún se les sigue llamando, es posible que conformen la etnia más moderna de Atreia, pues es la única explicación posible a su misterioso y confuso origen. Como los Yhauzen y los Drumic, los Ulvherr se extienden tanto por Elysea como por Asmodae, mezclándose con el resto de etnias de la población en la medida de lo posible, pues cada miembro de este grupo destaca poderosamente en cualquier entorno imaginable. Su piel rojiza, ya sea en tonalidades claras o más oscuras, en el sur de Atreia, y purpúrea en el norte, es su rasgo más característico y famoso. Algunas leyendas, debido a ello, les identifican con espíritus de fuego que deambulan por la tierra para mantener viva la 'Llama Primigenia', un culto ancestral que ya apenas cuenta con seguidores entre los Asmodians, quienes fueron sus principales fieles. Los Ulvherr son extremadamente altos y corpulentos, de cabello también bermejo y escaso vello en el resto del cuerpo, que se rasuran a conciencia para lucir con orgullo sus escarificaciones rituales, seña de su categoría social, edad y sexo. Aunque civilizados y acomodados en la vida de las grandes ciudades, los Ulvherr no olvidan nunca que pertenecen a un grupo étnico único en Atreia y se muestran hoscos con todo aquel que quiera imponerles nuevas costumbres o normas. No obstante, pocos son los que se atreverían a contrariar a uno de estos gigantes, ni siquiera a relacionarse con ellos si no es estrictamente necesario

Zhafiris

Aunque durante siglos no fueron considerados auténticos Daeva por las demás etnias, debido a sus curiosas particularidades físicas, los Zhafiris son un grupo cada vez más numeroso en Atreia, encontrándose tanto al norte como al sur del Abismo. Al igual que ocurre con los Sheng, no existe una característica definitoria que los distinga de otros troncos raciales, sino que se trata de un conjunto de rasgos muy amplio, heterogéneo, pero al mismo tiempo muy fácil de concretar y situar. Los Zhafiris son conocidos sobre todo y especialmente por su talla diminuta, excesivamente pequeña en ocasiones incluso para casos excepcionales en otras etnias, por lo que se les suele clasificar en un escalafón evolutivo aparte. El color de sus cabellos y sus elaboradísimos peinados, casi esculturas de fibra, así como su extraordinaria velocidad y agilidad son también elementos propios de este extraño pueblo, cuyo origen constituye un verdadero misterio para los investigadores. Aunque se acepta generalmente que tiempo atrás vivieron en bosques y cuevas, y fueron criaturas salvajes e incivilizadas, hoy en día los Zhafiris están tan adaptados a la vida urbana como cualquier otra etnia, a pesar de que existen rumores que los relacionan con oscuros ritos violentos heredados de épocas pasadas, a los que se afirma que no han renunciado jamás. Sea como fuere la verdad, lo cierto es que su presencia en la sociedad ya no es un hecho extraordinario y la convivencia no se ha resentido por ello, aun cuando insisten en adoptar costumbres algo incomprensibles para el resto, y que sólo se entienden teniendo en cuenta su particular idiosincrasia








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