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Anteo

Datos personales

Nombre: Anteo
Título: Hijo de Gaia
Sexo: Hombre
Pueblo: Asmodian
Etnia: Nauhal
Legión: Ninguna por el momento
Profesión: Arúspice / Clérigo


   

Apariencia

Altura: 2'50 m
Peso: 186 kg
Complexión: Cuerpo fibroso y tonificado, de proporciones equilibradas
Color de ojos: Verde esmeralda
Color de cabello: Aceitunado entreverado de oro
Rasgo característico: Mandíbula inferior prominente, que le da un aspecto algo tosco y feral; trata de disimularla dejándose crecer una barba espesa y caracoleada que le cubre desde los pómulos al mentón, como una mata de hojas finas y desordenadas
Breve descripción: Un coloso salido de un cuento, que al reptar por las páginas, arrastró consigo todo un bosque. Entre jarra y jarra de cerveza podría ser un buen comienzo para una historia; pero nadie espera nunca que, agachándose para no topar con el dintel de la puerta, el protagonista entre en la taberna y ocupe casi todo un banco a tu lado, sonriéndote con una boca más grande que tu cabeza, unos dedos tan gruesos como tu brazo y una piel tan verde y brillante que, en más de un momento, necesitarás recurrir al tacto para asegurarte de que no estás hablando con una planta

Personalidad

Clase social: Ciudadana
Orientación sexual: Heterosexual
Alineamiento: Legal-Neutral
Fe: Creyente
Virtud: Empatía
Debilidad: Pirofobia; es incapaz de reaccionar si se ve rodeado de llamas, aunque no dudará en arriesgar su vida para apagar un incendio en el bosque
Actitud: Bonachón, alegre y despreocupado; tan incapaz de ver triste a un ser querido cómo capaz de morir de sed por regar un yerbajo del camino. Le fascina la naturaleza y las cosas que crecen, hasta el punto de sentirse tan identificado con los árboles que asegura haber aprendido a comunicarse con ellos en su propio idioma. Tímido en ocasiones, aunque temible en la cólera; dueño de una particular visión de la realidad que concibe a la vida como un gran sistema del que todos formamos parte, y que necesita de la intervención directa de los seres conscientes para procurar que siempre se mantenga el equilibrio que permite la supervivencia. A esta alma máter que protege y provee sin agotarse, llama ‘Gaia’: el seno de aquéllos que han despertado y que a él deben retornar cuando completen su ciclo de existencia. Comprometido la causa de su ‘madre’, Anteo está siempre dispuesto a demostrar que el poder de la tierra es superior a la ciencia del hombre

Contexto

Apenas quedan ya arúspices en el mundo. Incluso entre los nauhal, que aún oyen los latidos de Pandora bajo su piel de tierra, han empezado a desaparecer. Pregunta a una persona al azar, por ejemplo, y lo más probable es que te pregunte si estás borracho, o si te ha dado por inventarte palabras. A nadie le importan ya los arúspices ni su arte, porque ya nadie mira al cielo. No deja de ser irónico: tenemos alas, pero sólo nos importa lo que sucede a ras de suelo. Y si es en el menor espacio de suelo posible, mucho mejor. No estoy aquí para convenceros de que os equivocáis. No he venido a haceros ver que vuestras vidas están vacías, o a tratar de venderos una verdad absoluta; no soy tan pretencioso. Únicamente os pido una cosa. Sólo una. Que os toméis unos segundos y miréis hacia arriba, en un día despejado, con la suficiente claridad. Quiero que me digáis qué veis. Más allá de estructuras de piedra o metal, de cúpulas de cristal o de obeliscos; ¿qué veis? Quitad las nubes, quitad las estrellas, quitad los pedazos de planeta que aún flotan entre nuestro mundo y el mundo de los Otros. ¿Qué queda en el cielo cuando ya no hay cielo?

Los pájaros lo saben. Los pájaros están allí y aquí, al mismo tiempo: vigilantes. Conocen el sentido de las cosas, su orden y su funcionamiento, porque siempre observan desde la perspectiva más total de todas. 'A vista de pájaro'. El tallo de una hortensia se rompe en Ishalgen y un rebaño de ovejas muere en Eltnen. Nace un niño con seis dedos en la mano izquierda y, en su decimoctavo cumpleaños, un cerezo da flores azules como los ojos de su madre. ¿Casualidad? ¿Están conectados hechos que nos parecen, a todas luces, completamente desligados? Y, si es así, ¿pueden predecirse de algún modo y controlarse sus consecuencias? Los pájaros lo saben; ya lo he dicho. Más allá de la lógica, que sólo da un paso cuando el anterior está bien asentado sobre firme, mi visión salta de espacio en espacio, de tiempo en tiempo, y a través de los ojos de las aves que estudio, leyendo en las líneas de sus entrañas al sol, estoy contemplando el día exacto de tu último día; estoy a más de diez mil leguas de distancia, en el pozo donde perderás a tu caballo favorito; estoy en casa del herrero que forjará el hacha que talará el árbol donde ahorcarán a tu hermano, y con cuya madera tallará un carpintero la cuna de tu segundo hijo. Todo está ya escrito, pero casi nunca en los libros

De Gaia he surgido, como una simiente germinada, como un brote que abraza la tierra con sus raíces y se yergue hacia la luz. Lo que soy es lo que doy a Gaia, y lo que tengo no es más que lo que debo devolver. En cada fibra del mundo reconozco el Plan de la Vida; mi propia historia. He nacido para leerla en voz alta, para compartirla con todos los que me harán crecer y los que me harán menguar. Para ellos he cultivado el arte que les consuela y en el que mi madre se regocija. Me llamo Anteo, arúspice de Gaia. Hay quien dice que soy un gigante, un titán. En Atreia, no soy más que un ratón entre elefantes









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