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Árminas

Datos personales

Nombre: Árminas Tülkakerumé
Título: El vagabundo, aprendiz de mago, cara zorro
Sexo: Hombre
Pueblo: Asmodian
Etnia: Drumic
Legión: Ninguno
Profesión: Al no tener hogar y estar siempre viajando, Árminas no tiene un trabajo propiamente dicho, aunque de vez en cuando ha prestado sus servicios para liquidar alimañas que pudieran molestar a habitantes de pueblos o caminos / Brujo


   

Apariencia

Altura: 1'75
Peso: 60
Complexión: Atlético
Color de ojos: Amarillos
Color de cabello: Negro
Rasgo característico: Tiene facciones que recuerdan vagamente a un zorro y en sus ojos unas pupilas como la de los felinos
Breve descripción: De piel clara y pelo negro, tiene un rostro hermoso gracias a su juventud. Siempre contrario a su etnia, Árminas ha cortado sus cabellos en melena, pues en más de una ocasión el pelo largo le ha impedido canalizar su magia correctamente. Es un hombre apuesto y bromista, pese a esto Árminas esconde una personalidad que nadie conoce

Personalidad

Clase social: Esclavo
Orientación sexual: Desconocido
Alineamiento: Caótico neutral
Fe: Indiferente
Virtud: Una memoria excepcional. Árminas tiene la extraña habilidad de fijarse en todos los detalles al llegar a cualquier lugar que desconoce. Observa detenidamente a personas, lugares por los que escapar en caso de peligro, cosas de valor etc., en definitiva cualquier dato que se le podría escapar al resto de la gente, Árminas recae en él
Debilidad: Le chifla el alcohol, aunque intenta mantenerlo alejado de él puesto que cuando Árminas se emborracha libera sus poderes de manera descontrolada con cómicos resultados en la mayoría de los casos
Actitud: Pese a haber tenido muchas dificultades para haber encontrado un lugar en el mundo, Árminas ha sabido siempre salir adelante. Cara al público, un chico alegre y divertido pese a no comprender muy bien las leyes de etiqueta o las reglas sociales. Hablando con Árminas uno tiene la sensación de estar haciéndolo con un niño pequeño que desconoce muchas cosas del mundo que le rodea. Siempre está dispuesto a ayudar sin preguntar y luchar por el amor y la justicia (aunque sus métodos pueden ser reprochados por los demás)

Contexto

Árminas, esclavo, hijo de nadie. Así era conocido de pequeño, encontrado cerca de Anair en Beluslan por un noble Asmodian que se estaba al borde de la ruina por numerosas deudas y perdidas de terreno. Zeför, el noble, sintió una enorme pena por aquel muchacho abandonado en la cuneta y que mantenía la mirada perdida, con pocas ropas y lágrimas casi congeladas en sus mejillas. Árminas no sabía que pretendía aquel hombre de él, pero tampoco se resistió. El noble acogió a Árminas y lo tomó como su sirviente poco después de cerciorarse de que aquel niño no tenía a nadie más. La caravana del noble, con sus últimas pertenencias, se dirigía al último terreno que aún le pertenecía, y en el cual podría vivir hasta sus últimos días. Durante años Árminas sirvió en completo silencio a Zeför, el cual observaba al muchacho con preocupación. Realmente le había tomado un cariño que jamás pudo creer tendría por ningún ser, eran largas las tardes en las que el noble y Árminas paseaban por los caminos que rodeaban a la casa. Gracias a estos paseos Árminas poco a poco empezaba a hablar y a mostrarse más vivo, por decirlo de algún modo. Una noche Zeför se despertó sobresaltado de su cama y corrió a la habitación de Árminas el cual gritaba en sueños. Sus gritos eran desgarradores y al intentar despertarlo, el pequeño lo hizo no sin de manera instintiva lanzar un fuerte golpe de aire hacia el noble, el cual salió despedido hacia el pasillo. Fue entonces cuando Zeför descubrió que aquella sacudida en el Éter que había sentido al despertarse era fruto del propio poder del pequeño. En efecto Zeför era un Brujo, por desgracia no de los más respetados por los Asmodians puesto que en el pasado había sido acusado de usar ciertas artes que la mayoría preferían olvidar. Habiendo descubierto las habilidades de Árminas, muy superiores a las de cualquier aprendiz mucho más grande en edad que él, decidió instruirle en estas artes. Árminas estudió, estudió día y noche, practicó a la luz de la luna y a la luz de sol. Atendía siempre a las enseñanzas de Zeför, su interés por la magía era tal que en medio año aprendió una cantidad de conjuros menores asombrosa para cualquier pupilo. Por desgracia, Árminas creció y la magia se hizo poco a poco más aburrida. Árminas prefería ir al pueblo a espiar a sus habitantes, perseguir a los gatos por los callejones, bañarse desnudo en mitad de la fuente alojada en la plaza, escuchando los gritos de las mujeres de total desaprobación. Zeför, que siempre había tenido una gran paciencia, le reprochaba a Árminas su inmadura actitud. Con su poder si seguía estudiando duro cada día, se convertiría en uno de los mejores, sin embargo al joven Árminas esas cosas ya no le interesaban. Entonces una noche de luna llena, irrumpieron en la casa del noble, matando a sirvientes, y al propio Zeför. Árminas, que se había escapado por la ventana de su habitación para ir al festival del pueblo, llegó totalmente borracho encontrándose con los asaltantes en plena faena. La furia desatada por el muchacho fue tal que los habitantes del pueblo enmudecieron al ver como en lo alto de la colina la casa de Zeför ardía después de una inmensa explosión. Los que consiguieron extinguir el fuego no encontraron más que cenizas en el lugar. Árminas andó durante días alejándose, todo el mundo le daba a él y su maestro por muerto y en cierta manera era así: Árminas volvía a estar solo de nuevo. Mientras caminaba se juró a sí mismo y en memoria de su maestro que viajaría por todo el mundo perfeccionando sus artes para ser el mejor. Y así lo hizo, a partir de entonces desde Ishalgen pasando por Morheim rodeando el lago helado de Altgard, Árminas viajaría con el propósito de absorber todo el poder que fuera posible, para algún día encontrar a los responsables de la muerte de su maestro o quién sabe.. si algo más..









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