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Luzzel

Datos personales

Nombre: Luzzel
Título: La luz en la oscuridad
Sexo: Mujer
Pueblo: Asmodian
Etnia: Nauhal
Legión: ---
Profesión: Maga / Invocadora


   

Apariencia

Altura: 1'60 metros
Peso: 58
Complexión: Esbelta y delgada
Color de ojos: Violetas
Color de cabello: Berenjena (morado oscuro)
Rasgo característico: Sus ojos destacan mucho sobre su piel clara
Breve descripción: No muy alta y delgada, no necesitó desarrollar su fuerza por su gran poder de ataque mágico. De cabellos largos y morado oscuro y ojos violetas que destacan mucho sobre su piel clara casi blancuzca. De piel inmaculada, siempre atenta a cuidar su aspecto desde pequeña. De gráciles movimientos y dulces gestos

Personalidad

Clase social: Guilder
Orientación sexual: Heterosexual
Alineamiento: Legal Bueno
Fe: ---
Virtud: Es una con la naturaleza que le rodea, oye la Voz de Asmodae hablarle por medio de los elementos
Debilidad: Ayudar a todo aquel que se lo pide sin mirar si realmente merece que lo ayuden
Actitud: Agradable, muy sociable y alegre. Siempre dispuesta a ayudar a todo aquel que lo necesite, y luchar junto a todo el que comparta sus ideales y objetivos. No olvida nunca su objetivo en la vida y lucha por ello hasta el final. Lo da todo por sus compañeros. Aunque le gusta hacer vida social en la ciudad bien sabe que la tierra, los vientos y las aguas son sus verdaderos confidentes. Sabe que su poder es un préstamo de Asmodae y se siente en deuda con la energía vital que habita en todo su entorno. Generosa y paciente maestra, considera que incluso los más preparados tienen algo que aprender, y por eso siempre está dispuesta a seguir aprendiendo y no sólo enseñando

Contexto

Luzzel provenía de una familia de magos bien acomodada. Destacó desde muy pequeña por sus increíbles poderes y su gran facilidad y soltura a la hora de manejar los elementos de la naturaleza

A los diez años de edad su familia la internó en un colegio para que desarrollara al máximo su potencial

Era un trabajo duro pero a fin de cuentas se sentía privilegiada al poder acceder a ésta formación, y a menudo se compadecía de otros jóvenes de gran talento sin derecho a ésta. Le parecía injusto que el bajo poder adquisitivo les obligara a tomar el camino del autodidacta, a menudo mucho más arduo que el suyo. Siempre se prestaba voluntaria a ayudar a sus compañeros, y se sentía cómoda en ese papel de maestra. Empezó a soñar con llegar a ser institutriz de aquella escuela, puede que Aion así lo tuviera planeado. Se le daba bien y le hacia feliz

Una vez terminada su formación continuó con su sencilla vida, siempre cerca de la naturaleza que tanto le regaló, pero sin perder el contacto con las ciudades más civilizadas, a las que gustaba ir para escuchar de primera mano las historias de la Guerra y el transcurso de ésta de mano de veteranos heridos o los ancianos del lugar. Solía acabar sobrecogida y espantada, le quitaba el sueño

Cierto día se colmó el vaso mientras oía como los Elyos campaban a sus anchas en la tierra de Asmodae. Se hablaba de asesinatos, mutilaciones, pueblos arrasados por el fuego. Luzzel no pudo soportarlo más. Tenía un don. La naturaleza le había otorgado grandes poderes. Sentía al bosque llorar de miedo, al viento del desierto aullar pidiendo ayuda, los ríos reclamaban la expulsión del invasor. Había que estar muy sordo para no oír a la naturaleza. Asmodae le hablaba y ella no podía ignorarlo. La Guerra nos afectaba a todos. 'No ansíes poder ni riqueza', le decían los cielos oscuros. Corrió y buscó un lugar donde estar a solas con sus pensamientos en mitad de la noche adentrándose en el bosque. Se sentía triste, su mundo se tambaleaba bajo la cruel pisada de los Elyos

Sumergió su mano en el arroyo, quería respuestas, no sabía lo que estaba pasando. O al menos no sabía por qué. La energía vital fluía en el ambiente, y se hizo así una con Asmodae. El viento le susurró, 'Asmodae está en peligro, Luzzel. Los Elyos arrasan éstas tierras y toman lo que quieren de mí sin permiso ni respeto'. Luzzel cerró los ojos y los puños con fuerza. La voz de la montaña helada resonaba en su cabeza, con su tono pétreo y tosco, 'Y no son sólo los bosques y los ríos, todo Asmodian es hijo mío y lloro cada una de esas pérdidas'. Quizás esta empatía con los elementos era la que hacía fluir los mismos sentimientos por el cuerpo y el alma de Luzzel. Hundió la cabeza entre los hombros, se preguntaba que podía hacer ella sola. Una voz fluida como el agua respondía a la pregunta que aún no había salido de sus labios, 'Hasta el más grande los ríos empieza siendo un pequeño arroyo'

Su objetivo en la vida estaba claro ante sus ojos violeta, cubiertos de lágrimas. Tenía que servir a Asmodae, debía expulsar al invasor. Pensó entonces en todos esos jóvenes de gran potencial y pocas posibilidades económicas. Ella sería el arroyo que empujaría a todos esos portentosos jóvenes a canalizar su energía. Meditó toda la noche sobre una decisión que ya estaba tomada. No ansiaría poder ni riqueza, compartiría todo su conocimiento con aquellos que fueran poco agraciados inculcándoles su obligación para con Asmodae. Vagaría por el mundo en busca de todo aquel que quisiera luchar a su lado. Asmodae lo pedía. Y ella se dejaría guiar por la voz de los elementos donde quiera que éstos la llevaran









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