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Scarlet

Datos personales

Nombre: Scarlet
Título: ---
Sexo: Mujer
Pueblo: Asmodian
Etnia: Nauhal
Legión: ---
Profesión: Cazadora (Arquera)


   

Apariencia

Altura: 170 cm
Peso: 65 kg
Complexión: Atlética
Color de ojos: Rojos
Color de cabello: Pelirroja
Rasgo característico: Alguna que otra pequeña cicatriz debida a su profesión, lo demás está bien escondido (lo verá quien tenga que verlo)
Breve descripción: Piel pálida (con algunos matices verdosos), ojos y cabellos rojizos, es una belleza exótica que no a todo el mundo agrada. De complexión atlética, bien definida pero sin perder su feminidad

Personalidad

Clase social: Boendr
Orientación sexual: Homosexual o bisexual (aún no está muy claro)
Alineamiento: Caótica
Fe: Indiferente (Bajo)
Virtud: Valerosa
Debilidad: Hermética
Actitud: Es muy desconfiada y obstinada, por lo que le cuesta relacionarse con el resto de personas que no sean de su círculo más allegado. Profesa gran amor y respeto por sus madres, y es totalmente leal a sus personas queridas
Está cansada de las constantes mentiras y actitudes que hay sobre la guerra, por lo que se mantiene al margen, aunque no dudaría en liderar o seguir a un comandante que fuese digno y luchase por la verdad y no por intereses personales
Algunas frases típicas de ella serían: 'Lucharé por la verdad, no por TU verdad', 'Dijeron que murieron por su patria, su honor, su familia.. pero realmente murieron porque nosotros los matamos', o 'Estarías mejor conmigo'..

Contexto

Donde empiezan los recuerdos..
-¡Muy bien pequeño adefesio, tienes un blanco a tan sólo veinte metros!, ¿a qué esperas para hacer diana? -a pesar de la dureza de las palabras de mi madre, no me sentí ni por un instante más débil, si no todo lo contrario
Estiro con decisión la cuerda del arco que parece de juguete, (por no decir que lo era), y tras unos segundos escucho claramente la flecha romper el aire nocturno con un leve silbido. Sin duda alguna he hecho diana, estoy segura

-¿Pero qué clase de retorcida broma ha sido ese tiro?, ¡con esa fuerza tan ridícula ni podrías atravesar las alas de una 'palomita' famélica y perdida por el Abismo! -escucho claramente las risas de mis dos madres -Y no sólo eso, si no que además seguramente ni serías capaz de acertarle a un castillo..

-Si no fuese por esta mierda de arco, manufacturado sin duda alguna por un Shugo en celo.. -una piedra se estrella con fuerza en mi nuca, inmediatamente tibia sangre resbala por mi cuello y espalda. Pero me mantengo en pie, a pesar de tener que morderme fuertemente el labio para concentrarme.. otra vez

-Calla tu sucia boca de niñata desconsiderada. Mientras vomitabas tales memeces, yo habría sido capaz de acertar en el blanco unas mil veces.. -mi madre, a la cual se la conocía como Eriadne 'Ala Carmesí', hizo una pequeña pausa. Parecía estar recordando algo de un pasado muy remoto. Ella era quien se encargaba de entrenarme físicamente, de prepararme para la guerra -Vuelve a intentarlo, pero esta vez no nos produzcas tal vergüenza, estás obligada a realizar un tiro perfecto

-Mil blancos no te jod.. -susurro para mí misma, mientras que de nuevo mis dedos inflamados por el esfuerzo volvían a tensar ese aborto de arco y dejaba que la flecha atravesase el aire con un odio intenso. Un odio entregado a través de las yemas de mis dedos, siendo la cuerda del pequeño arco su catalizador. Escuché el mismo impacto otra vez, lo cual significaba que otra vez era un error, el mismo error, ya no sabía que hacía mal

-La que se va a joder aquí, pequeña, eres tú, nada más y nada menos que treinta fallos consecutivos -escucho sus fuertes pasos acercarse hacia mí, su armadura de cuero no cesa de crujir, y ella no pretende ser silenciosa en absoluto. Escucho un guante cerrarse sobre sí mismo, y un puño se hunde en mis riñones. Beso sin delicadeza alguna el suelo -Si mis dulces palabras no logran hacer que te concentres, lo harás por medio del dolor

Me revuelvo de dolor durante unos minutos, parece ser que Eriadne me permite unos instantes de consideración hacia mi integridad física. Tras recuperarme un poco escucho un leve tintineo cerca de mí. Es mi otra madre, Lilsemeth 'Susurro Eterno'. Parece ser que está observando si necesito sanación urgente o si aún puedo aguantar con tantos golpes y magulladuras. De ahí la explicación de que se me permita 'regocijarme' en mi dolor

-Puede seguir un poco más sin mis atenciones, pero no la castigues mucho más o la matarás -La exótica voz de Lilsemeth se introduce como una dulce droga en mi ser, haciéndome entrar en un pequeño éxtasis de dolor y placer. De ahí saco las fuerzas para poder levantarme

-¿Por qué tienes que ser tú quien me entrene con el arco? es evidente que no aprendo nada, ¡no estás preparada para esto! -sé que me arrepentiré de estas palabras, pero sin duda podre recordar tal sublime rebelión durante toda mi vida
Pasa un tiempo que se hace infinito, mi cuerpo empieza a temblar esperando el peor de los finales posibles, hasta que escucho otra vez el tintineo de Lilsemeth, acercándose a mi 'torturadora', y le susurra con inmensa ternura algo que no llego a entender..

-¡Muy bien gandula!, dispara al objetivo de la derecha.. ¡Mal!, esos hombros deben estar más rectos.. Ahora dispara con una parábola al objetivo que tienes al fondo, tras el primer objetivo central.. ¡Otro récord!, acabas de fallar de nuevo.. ¡Has de sentir la dirección del viento con tus dedos! -sin duda alguna Eriadne disfruta entrenándome, no sé si es una bendición o una maldición -Muy bien Scarlet, ya puedes quitarte la venda de los ojos..

Mi cuerpo sólo es un cúmulo de golpes y de cansancio. He perdido la cuenta de cuantos tiros he realizado, y lo peor de todo es que he fallado cada uno de ellos. Lo último que quiero hacer es ver mi desastre, ver la cara decepcionada de mis madres

-Cuando dije que podías quitarte la venda de los ojos, no era para que te quedases ahí quieta mirando el suelo. Observa el producto de tu entrenamiento -la voz de Eriadne tiene un extraño tono que me hace levantar rápidamente la vista hacia la zona de entrenamiento

Mis ojos no pueden creer lo que están viendo, en realidad había estado acertando tiro tras tiro. Mis ojos se llenan de lágrimas y mis piernas no pueden aguantar tanta angustia reprimida, caigo de rodillas y comienzo a sollozar como la niña que era

-Nunca confíes en lo que digan los demás de ti, nunca creas en lo que los demás digan sobre lo que estás haciendo.. Pues nunca sabrás cuándo los otros, la gente que te rodea, te ha puesto una venda en los ojos -Eriadne me está hablando de rodillas frente a mí, cogiendo con sus manos mi pequeña cara inflamada por el frío y el llanto, y me regala sus labios, dándome un calor que necesitaba profundamente, y sus alas nos aíslan del mundo -Nunca olvides esto Scarlet, nunca..









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