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Ehade

Datos personales

Nombre: Ehade
Título: ---
Sexo: Mujer
Pueblo: Elyos
Etnia: Nauhal
Legión: ---
Profesión: Guardaespaldas, criada. A ratos libres talla figuras en madera


   

Apariencia

Altura: 1'90 m
Peso: 85 kg
Complexión: Atlética
Color de ojos: Verdes
Color de cabello: Caoba
Rasgo característico: Lleva el pelo lleno de hojas de árboles de distintos colores y alguna que otra pluma parduzca. También tiene un tatuaje de una 'cadena de hormigas' en su brazo izquierdo
Breve descripción: Posee una extraña belleza salvaje con un cuerpo y unas facciones más bien cuadradas, hombros amplios y brazos musculados. Sus piernas parecen fuertes raíces de un árbol, bien anclados sus pies siempre al suelo. Su piel es del color de la madera verde, un tono parduzco-verdoso. Sus labios del color de las cerezas y sus ojos del de las grandes praderas de hierba. Sus manos están encallecidas por el uso de la espada y el escudo, pero a pesar de su constitución, son extremadamente esbeltas

Personalidad

Clase social: Hilota
Orientación sexual: Heterosexual
Alineamiento: Legal neutral
Fe: Indiferente
Virtud: Maternal. Sabe escuchar
Debilidad: Sufre como propio el dolor ajeno. Cambios abruptos de carácter
Actitud: Ehade se revela como una figura maternal ya a primera vista: de amable sonrisa, voz suave y mirada cálida. Aunque esto queda un poco enfrentado a su aspecto abrupto y a veces descuidado. Evita siempre que puede perder el contacto con la tierra, llegando a entrar en absoluto pavor al sentirse separada de ella. En combate, toda amabilidad y calidez maternal que pueda transmitir, se funde en una furia salvaje y desenfrenada, un estado de cataclismo absoluto del que no le es sencillo salir si no es bajo sometimiento de su 'dueño'

Contexto

Ehade siempre había sido la más fuerte de los niños de su tribu; un grupo de familias Nauhal nómadas que se dedicaban a la recolección y a la agricultura. Su fortaleza física la ayudaba a trepar a los árboles más rápido que nadie, sus largas piernas a perderse por los bosques y la maleza sin demora y su altura a alcanzar los frutos de las ramas con más facilidad. Dada también su fortaleza y su carácter maternal, que se manifestó desde prácticamente el año de edad, tenía tendencia a proteger a sus congéneres con arrojo y determinación, de manera casi temeraria, entregándose al combate en cuerpo y alma por el beneficio de los demás

Con el tiempo, su fuerza siguió aumentando, así como su temeridad y su sentimiento de guardián, y pronto se convirtió en uno de los escudos más preciados de la tribu, acompañando a los cazadores en sus batidas o a los recolectores en sus recogidas de frutos salvajes, protegiéndolos de aquellos animales que decidían atacarlos
Crecía completamente al margen de cualquier atisbo de guerra, y sus enemigos no eran más que felinos u horrores de los bosques. Si bien alrededor de las hogueras, por las noches, escuchaba con la misma atención que todos las noticias que solían llegarles de los pueblos sobre ataques de Asmodae o la inestabilidad del Aether, sabedora de que algún día a ellos también les tocaría desempeñar su papel en la Guerra Santa si querían defender sus preciados bosques y su amada tierra de desaparecer a causa de los diablos del norte
Pero un día, en una de esas batidas de caza, se encontraron con un animal que ninguno esperaba: un grupo de exploradores Krall. Su brutalidad y su irracionalidad pudieron incluso con ella, y a pesar de sus esfuerzos por proteger a los suyos, junto con los demás escudos de su tribu, terminaron todos masacrados por el ansia asesina de las rojizas criaturas en un combate que duró poco, demasiado poco
Agonizante, en un suelo teñido de carmesí, sintió sus pulmones gorgotear con el sonido de la sangre mientras la vida se escapaba de su cuerpo y escuchó una voz en la lejanía, una voz que le ofreció vivir a cambio de un pequeño sacrificio. No escuchó bien sus palabras, con los ojos entrecerrados sin ser capaz de ver más allá el resplandor de la luz y una figura moviéndose por encima de ella. 'Proteger' fue la palabra que la hizo reaccionar. Y asintió al ofrecimiento de la nueva vida, exhalando lo que ella pensó que sería su último aliento
Cuando Ehade volvió a despertar, se hallaba en una casa de paredes llenas de decoraciones vegetales, de dorados y carmesíes, sobre una cama de un colchón de plumas y bajo sábanas suaves como el abrazo de una hoja. Rápidamente, se incorporó y bajó sus pies al suelo, sintiéndose reconfortada al sentirse sobre suelo firme. Pero aún se sentía vencida por el dolor
Casi en un acto reflejo, se incorporó, y envolviéndose sobre ella como un armadillo, apoyó manos y pies en el suelo firmemente.. y se durmió. Cuando su nuevo dueño fue a visitarla, la encontró así, replegada por sí misma, tan quieta y respirando de forma tan queda que de no ser por su rojizo pelo, cualquiera la habría confundido con un tocón de un árbol









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