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Lilith

Datos personales

Nombre: Lilith Uriziel
Título: 'La dama de Hielo' o 'La mujer de las Plantas'
Sexo: Mujer
Pueblo: Elyos
Etnia: L'yen
Legión: ---
Profesión: Curandera-Druida (Clériga)


   

Apariencia

Altura: 1'60 m
Peso: 55 kg
Complexión: Delgada y fibrosa
Color de ojos: Verdes
Color de cabello: Rosado
Rasgo característico: Su pelo rosado (algo bastante infrecuente entre los miembros de su etnia), y un extraño tatuaje con forma de enredadera que la cubre todo el cuerpo. Puede hablar con el mundo vegetal, aunque nadie sabe si eso es cierto pues ellos no pueden escucharles
Breve descripción: Lilith es una mujer hermosa, de finos rasgos y pelo suave y cuidado. Aunque no tiene mucho pecho gusta de llevar grandes escotes y nunca lleva calzado, prefiriendo sentir en sus propios pies el tacto del terreno. Suele vestir con túnicas blancas y sedosas que la confieren un aspecto etéreo

Personalidad

Clase social: Ciudadana
Orientación sexual: Homosexual
Alineamiento: Neutral Caótica
Fe: Devota
Virtud: Sus dotes como curandera han hecho siempre de Lilith una persona preocupada por el prójimo. Se compadece de todos los que sufren y no duda en usar sus conocimientos sobre plantas para aplacar los males de las personas
Debilidad: Lilith siente un rechazo casi patológico hacia los hombres (debido a que de pequeña casi la matan de una paliza un grupo de hombres que la querían violar). Su carácter a veces muy frío y oscuro también puede considerarse una debilidad
Actitud: Lilith siempre se preocupa por los demás, procurando ayudar a todo aquel que se lo solicita. Salvo si eres un hombre. Lilith nunca ha soportado estar a más de un metro de algún hombre, sintiendo incluso verdadero asco de ellos. Debido al trauma de su niñez suele ser muy fría con los hombres (aunque con otras mujeres es bastante cálida y amistosa) e incluso puede mostrarse bastante agresiva con ellos. Si algún hombre comete el error de tocarla lo más mínimo-. deseará no haberlo hecho jamás. Una cosa que Lilith ama más que nada en la vida son sus queridas plantas

Contexto

Han pasado ya muchos, muchos años.. incontables, de hecho. Nací en.. bueno, creo que este dato es irrelevante.. digamos mejor que simplemente nací
Nací en una ciudad. Los padres de mis padres emigraron del campo a la ciudad buscando llevar una vida más cómoda. Permitidme que me ría de mis antepasados. La ciudad es sólo una selva más. En la ciudad también hay depredadores y presas. Comes y te comen.. Perdonad, creo que estoy desvariando de nuevo.. Mi infancia transcurrió normalmente, era una niña bastante común, no me destacaba en nada y vivía, como todos los demás niños, ajena a la oscuridad que embarga el mundo. Este maldito mundo putrefacto y oscuro que los hombres dirigen con grandes palabras. Palabras que esconden grandes intereses.. Aion no puede estar contento de la mierda en la que hemos convertido su precioso mundo. Lo rompimos, como niños que rompen los juguetes que les regalan, y de nuevo como niños nos peleamos disputándonos los restos deformes de lo que antaño era un mundo glorioso y bello. Los Asmodians no son ni mejores ni peores que nosotros, los Elyos. Todos pecamos con el mismo pie, como decía mi abuela
Creo que me he vuelto a ir por las ramas.. crecí rodeada de la mierda de la ciudad, sin embargo dado que no conocía nada más, no podía darme cuenta de nada. Poco a poco la niña dejó de serlo y se transformó en una joven mujer. Creo que tenía unos veintidós años cuando ocurrió eso..
Mi madre me había estado enseñando lo mismo que la enseñó su madre a ella. Me enseñó el lenguaje secreto de las plantas, me enseñó a cuidarlas, a amarlas y a utilizarlas. Me agradan los seres vegetales, ellos son puros. No sienten envidia ni egoísmo. Son ajenos a los males que nosotros, tan creídos que somos, tenemos en gran abundancia
Ocurrió que un día mi querida madre cayó enferma. Muy enferma de hecho. Los médicos de la ciudad, tan pomposos y arrogantes, tan creídos con su ciencia médica (nótese mi profundo asco en estas palabras) no pudieron hacer nada por ella. Mi padre se negó a utilizar otros medios para salvar la vida de mi madre, por lo que ella murió. Ese día huí de mi casa, corrí y corrí por las apestosas calles de la ciudad llorando a lágrima viva
No sé cómo, acabé en los barrios altos de la ciudad. Esos barrios donde vive la 'élite' de nuestra sociedad (nótese de nuevo mi asco ante esta palabra). Esos que dicen regir Elysea con cariño y devoción, y lo único que hacen es engordar como porkus y creerse superiores a los demás solamente por haber tenido la suerte de nacer en cierta familia
Recuerdo estar sentada en un pequeño callejón de esa parte de la ciudad, casi totalmente ajena a mi alrededor, totalmente concentrada en mi profundo dolor. Unas duras palabras me sacaron de mi 'trance'
-Mira, mira que tenemos por aquí, Markus.. una pequeña rata plebeya
Levanté la vista y me encontré rodeada de hombres. El que había dicho eso vestía con lujosas ropas, y el resto parecían guardias o guardaespaldas.. nunca supe qué eran exactamente
-Mi señor, tenga cuidado -dijo el que respondía al nombre de Markus -Podría ser peligrosa
El que vestía ropas caras rió y me señaló con un dedo mientras avanzaba hacia mí
-Mi buen Markus.. ¿desde cuándo las ratas son peligrosas? Aunque esta rata es bastante hermosa.. -Dijo el noble mientras me acariciaba la cara
No sé por qué pero sentí una terrible oleada de asco ante el contacto de la mano del hombre, y me revolví tratando de alejarme de él
Él me golpeó súbitamente con mucha violencia. Recuerdo que los oídos me zumbaron después del golpe que me propinó. Me quedé totalmente paralizada del miedo pues nunca nadie, ni siquiera mi propio padre, me había golpeado de esa forma. Temí. Temí mucho.. el miedo y el dolor me embargaban como una nube oscura y embotaban mi mente
-¡Estate quieta, imbécil! Esta es mi zona y aquí hago lo que deseo con quien deseo.. y ahora te deseo a ti, ratita..
No podría describir el asco que me daba ver el bulto hinchado en la túnica de aquel hombre. Haciendo caso omiso de las palabras de aquel hombre, traté de huir.. pero para lo único que me sirvió fue para que me propinaran más golpes, esta vez con el bastón que llevaba el noble
Caí al suelo casi inconsciente y mis ojos contemplaron un pequeño brote que asomaba de una diminuta grieta en la calzada. Aunque mi visión se había vuelto rojiza y borrosa, recuerdo aún hoy con toda claridad el intenso color verde del brote
-Lilith.. ierta! -dijo una casi inaudible voz. No parecía venir de ninguno de los hombres que me rodeaban. De hecho era una voz bastante femenina
-Lilith.. ¡Despierta! -Repitió la voz. Esta vez la oí con más claridad y vi al pequeño brote agitándose y retorciéndose
Recuerdo.. sentir una energía que nunca antes había sentido. Un calor intenso en mi cuerpo. Pero no era doloroso ni molesto, más bien todo lo contrario.. era bastante agradable
Oí una serie de gritos y maldiciones que pronto quedaron ahogados. Miré a mi alrededor y descubrí que el pequeño brote había crecido hasta envolver por completo a los hombres. Aún se escuchaban los crujidos de los huesos a medida que la planta envolvía a los hombres con su abrazo mortal
Confundida y aún más asustada, noté una sensación rara en la espalda. ¡Qué sorpresa tan grande me llevé al descubrir un hermoso par de alas blancas en mi espalda! Había ascendido.. el miedo y el dolor me habían hecho Ascender..
Huí.. huí lejos, muy lejos.. Mis alas me llevaron a la protección de los bosques, lejos de los hombres y sus leyes, lejos de la mierda que envuelve el mundo
Durante mi estancia en el bosque, la cual ha durado incontables años, las plantas me cuidaron, me alimentaron y protegieron
También conocí a una mujer. Se llamaba Myth y decía ser una druida. Era una mujer de unos cuarenta años, una Nauhal de pelo verde. Ella me enseñó todo lo que ahora sé, y también me amó. Y yo la amé a ella
Vivimos felizmente en el bosque, ajenas al mundo podrido que había más allá. Hasta que un día ella desapareció sin dejar ni huella
De nuevo.. una pérdida y un dolor. Un dolor tan intenso como profundo. Sin embargo ahora soy diferente. Ya no soy una niña que no tiene ni idea del mundo. He jurado encontrarla, aunque eso signifique abandonar el mundo verde que tanto amo y sumergirme de nuevo entre los hombres, esos hombres a los que tanto odio y su asqueroso mundo corrompido y sucio. Empezaré mi búsqueda en Poeta, la ciudad que más cercana queda del bosque en el que habitaba y es allí a donde me dirijo ahora. Deseadme suerte, mis queridas plantas









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