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Sigurd

Datos personales

Nombre: Sigurd de la Aurora Nolantis
Título: Antaño 'Kamikaze', actualmente no posee ninguno
Sexo: Hombre
Pueblo: Elyos
Etnia: Yhauzen
Legión: Ninguna
Profesión: (Gladiador) Cazador de kralls antaño hasta que tuvo un accidente que le obligó a retirarse, ahora actúa como maestro de combate errante que va de pueblo en pueblo entreteniéndose en contar, en forma de dibujos en la arena, sus batallas a los niños y a enseñarles a manejar la lanza sin ninguna intención bélica más que la de entretenerse y entretenerles


   

Apariencia

Altura: 1'90
Peso: 95 kilos
Complexión: Mesomorfo
Color de ojos: Verde esmeralda pálido
Color de cabello: Rubio ceniza
Rasgo característico: Una cicatriz que le surca el ojo izquierdo de manera oblicua, teniendo ese ojo más alargado de lo normal e incapaz de ver; y otra en el cuello, también vertical y pasándole por encima de la nuez
Breve descripción: Rozando los 43 años, las arrugas en su frente y marcas en la piel hacen referencia a su no fácil vida. Su mirada es serena, al igual que su talante ahora, tras haber perdido la voz a causa de un accidente en su última batalla. Sin caer en la belleza, puede resultar quizás atractivo para aquellas féminas que gusten los rasgos que sella el tiempo en la piel. Tiene una moderada cojera en la pierna izquierda, irrecuperable

Personalidad

Clase social: Ciudadano
Orientación sexual: Heterosexual
Alineamiento: Legal
Fe: Nezekan
Virtud: Sería la mejor persona que escucha en el mundo. Ahora tiene todo lo que le queda de vida por delante para ello, dado que hablar le es imposible, debido a una herida en la garganta
Debilidad: Enterrando sus temores y furias junto con sus armas, ahora puede parecer impasible. La idea de venganza ahora se le antoja agria y sin sentido
Actitud: Le encanta empaparse de las historias de los demás, sobretodo si son de guerra, porque mediante ellas él revive su vieja gloria de combate. El no poder hablar nunca más -ahora resignado a ello, antes reticente- le ha concedido una magnífica habilidad para escuchar y analizar a la gente. Sin embargo, se le puede ver cierta envidia cuando observa a los muchachos luchar o blandir espadas, ya sea entrenando o jugueteando, lo que le recuerda a su hijo fallecido

Contexto

Sus años de gloria se perdieron cuando sostenía a su hijo, herido de muerte a causa de la inesperada rebelión Krall. Y le enterró, junto a su preciada lanza, 'Gae Bolg'

En Interdiktah, hace ya muchos años, la ciudadela de Nolantis habría prosperado como potencia militar gracias a sus estrictas prácticas y severos entrenamientos
Cada bebé que nacía era sometido a estudio y prueba y, de resultar malformado, endeble o enfermizo, era vendido como esclavo
Sigurd no sufrió esa suerte dado que, de padre fuerte y madre robusta, fue entregado a la milicia de Nolantina para formarse, desde muy pequeño, en el estricto mundo de la guerra, mientras a las féminas se las orientaba en el mundo del deporte y la servidumbre, preparándolas para convertirlas en robustas hembras capaces de parir hijos fuertes

Pese a que la enemistad de Nolantis con los Krall se había apagado hace tiempo, cambiando las armas por protocolo y tratados de paz y no agresión, y de explotación mutua de terrenos y recursos agrícolas, Nolantis seguía criando guerreros capaces

Durante una de las fiestas locales de la ciudadela, en la que se celebraba la victoria de un antiguo héroe a la par que 'finalizaba' el entrenamiento de la generación de ese tiempo -a la que sólo estaba permitida la asistencia a varones-, un grupo de Kralls aprovechó la situación para tomar como rehenes a todos los infantes del pueblo, obligando a las madres a incendiarlo si querían volver a verles con vida. De esta manera, Nolantis fue borrada del mapa de la noche a la mañana
Por aquel entonces, Sigurd acababa de ascender a Daeva -requisito indispensable para su 'graduación'- y en un abrir y cerrar de ojos se había quedado sin familia y sin hogar. Durante la campaña que puso a prueba a todos los jóvenes graduados, su mejor amigo, Sétanta, fue herido de gravedad y él, tomando su lanza, arremetió contra los Kralls, no teniendo nada más que perder que su propia vida. Y saliendo malparado, con la ira volviendo agria su sangre y su paladar, se juró convertirse en la mayor figura de terror para los Krall que jamás hubiese representado un hombre

Los años pasaban, y cuanto más maduraba, más estúpido se le hacía recordar a cuántos Krall habría castigado y cuánta venganza había llevado a cabo. Tanto más gracioso pensar que, lejos de tener un poderoso enemigo como pueden ser los Balaur o los Asmodian, aún había problemas de convivencia en su propia geografía
Asentado, viudo y con un hijo a su cargo, llamado Sétanta en honor a su viejo amigo de la infancia, había dejado atrás todo cuanto la guerra le había entregado, dedicándose en cuerpo y alma a la tarea de ser padre, en la aldea de Jeiaparan. No obstante, a veces la historia tiende a repetirse, y fue en otro ataque llevado a cabo por una tribu Krall, dispuestos a acabar con todos y cada uno de los supervivientes de la mítica caída de Nolantis, donde Sigurd lo perdió todo. Herido en el cuello, ojo izquierdo y pie izquierdo a causa de un tajo, perdió todo ánimo de seguir en pie en primera fila de batalla

Ahora vaga de pueblo en pueblo, intentando enseñar a los niños de allá por donde va que ni los héroes son tan justos ni realmente arrebatan la paz de unos para entregársela a otros. Ni que la venganza es tan honorable como muchos caballeros presumen









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